Horacio L. Zamudio/Noticias y Análisis


¿Por qué ha perdido credibilidad

la prensa tradicional en México?
Los pueblos opinan y piensan conforme a la información que les llega a través de la prensa y cuando esa información es sólo propaganda disfrazada también el pueblo cree lo que se publica. Es una tendencia natural, muy propia de la naturaleza humana. La gente cree todo lo que aparece en letras de imprenta, escribió Adolfo Hitler en Mi Lucha. Pero las cosas han cambiado a pesar de lo que sentenció su vocero Joseph Goebbls en el sentido de que repetir muchas veces una mentira acaba por ser tomada como verdad.
En el ámbito internacional se observa la certeza de esas ideas, se condena en el mundo a Rusia por invadir Ucrania pero ni una condena hubo cuando Estados Unidos invadió y organizó golpes de Estado en Latinoamérica, Asia y África, incluyendo Europa y países árabes y esto se debe a la prensa, muy influenciada por Estados Unidos y por judaísmo.
Ahora, en estos momentos y según estudios serios, la aprobación al presidente López Obrador alcanza 69.4 por ciento, algo histórico, pero la prensa, la tradicional, insiste en que esa aprobación se ha desplomado y llega apenas al 50 por ciento, entonces, ¿en qué papel queda la prensa?
Los reporteros y analistas, incluidos los que fuimos parte de la llamada prensa nacional como los de medios locales y regionales, bien sabíamos años atrás de nuestros tabúes: no criticar ni cuestionar al Señor Presidente ni al gobernador o alcalde en turno, el principal tabú, a cambio teníamos concesiones y dinero fácil, esto a cambio de seguir las reglas sin la opción de separar la realidad de la mentira.
Un gobernante podría decir y hacer lo que le diera en gana y la prensa tenía la obligación de callar lo malo y destacar lo bueno, aplaudir la corrupción era común y señal de que el reportero era «muy listo», a cambio el reportero recibía unos pesos pesos y la empresa para que la escribía se consolidaba con millonarios ingresos cuyo origen estaba en el erario, pero entonces era más imortante pagar por la imagen pública aunque los recursos no se destinaran a obras y servicios públicos.
Reporteros y analistas nos qudábamos con información importante en el tintero, no podíamos publicarla porque «se podría molestar el Señor Presidente», entonces soñábamos con una prensa auténtica, alejada de los vicios en la que lo prioritario era dfundir la verdad, soñábamos en no depender del «Chayote» y no utilizar más la corrupción para obtener concesiones o dinero fácil, y en la actualidad cuando a nadie se le cuestiona ni sanciona por publicar la verdad, incluso ni a los cfríticos por criticar y golpear, ahora cuando en la prensa hay libertad hasta para atacar sin motivo los hay, en lo que queda de la prensa, quienes hacen alianzas con los enemigos del régimen para golpear al presidente y los suyos a cambio de dinero y para esto inventan e inventan. Sin embargo, esa prensa tradidicional ya perdió credibilidad. Lo comprobamos cuando vemos que estudios serios nos muestran que 69.4 de la pblación mexicana apoya al presidente López Obrador, mientras que la prensa tradicional publica que esa arobación se ha desplomado.
Otra prueba de la falsedad de la prensa tradicional es que no critica, sólo golpea, lo que responde al hecho real de que cuando no hay argumentos hay que utilizar el insulto, por eso esa prensa en franca caída da por insultar y agredir en vez de analizar y tratar de convencer cor argumentos válidos, por eso el pueblo ya no le cree, ya el pueblo no cree en la prensa tradicional y después de tantos años cree y confía y quiere a su presidente y confía cada vez más en la nformación que le brinda en esa prensa naciente y que crece sin parar día a día, que parte de las redes sociales, de Internet.
Ahora bien, ¿podría usted que lee estas letras tratar de desmentirme sin insultos, sólo con argumentos? La pregunta viene al caso porque también en las redes sociales hay personas que se autonombran periodistas pero carecen de estudios e insultan pero no argumentan y esto es porque carecen de peparación. Bienvenidos los argumentos. ¿Qué las pagan por insultar?, bien, tienen derecho a comer y dar de comer a sus hijos, que al fin y al cabo conforme caen en la corrupción a ese ritmo pierden credibilidad. Allí están los López Dóriga, los Loret, los Brozos y demás, ¿quién les cree?

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