Contra la prensa amarillista

Horacio L. Zamudio/Noticias y Análisis

El cuerpo de aquel hombre, sobre el pavimento, se mueve con lentitud, como se dice, como en cámara lenta. Un niño de ocho o nueve años de edad lo mira aterrorizado, se le acerca, lo toma de un brazo y le dice ¡Papá!, levántate y vámonos para la casa, vamos, levántate, papá, papá, vámonos. El hombre sobre el pavimento se mueve cada vez más lento y un par de minutos después queda inmóvil: no te duermas, papá, vámonos para la casa, repite el niño, pero el padre no se levanta en tanto el niño no deja de gritar y llorar. Personal del Servicio Médico Forense levanta el cadáver. El niño grita de dolor y ansiedad, no comprende lo que sucede. ¿Cómo decirle que su padre es una víctima más de la delincuencia? Un número más. Que ya son 30, 40 o 60 asesinados en lo que va del mes. Los números son fríos, pero no el dolor de los familiares de cada una de esas víctimas.

El portal de noticias que ha transmitido las imágenes con sonido y todo se ha anotado un “éxito” más: como siempre, somos los primeros en informar desde el lugar de los hechos y mientras, transmite pasajes de aquel drama.

Otro medio de comunicación más desde otro sitio transmite un crimen más y el “reportero” se queja de que agentes policíacos han colocado sus patrullas de modo que no se puedan tomar imágenes de esa nueva víctima y califica el hecho como un ataque a la libertad de expresión.

O lo que es lo mismo, a la ola violenta y criminal que azota en Cajeme como en muchos lugares más se suma otro hecho doloroso, sobre todo para los familiares de las víctimas, la difusión detalle a detalle de los actos criminales.
En la antigua Escuela de Periodismo Carlos Septién García un maestro pidió a un alumno que leyera una nota publicada en un periódico de la ciudad de México, el contenido de la nota era sobre un crimen contra una mujer, muerta y destrozada a puñaladas. También había fotografías sobre el cuerpo mutilado de esa víctima. Ya que el alumno leyó en voz alta aquel artículo el maestro preguntó a él y demás alumnos qué enseñanza le había dejado aquel suceso y si alguno pensaba que alguien habría obtenido un beneficio personal tras enterarse del crimen, todos permanecieron en silencio, el maestro continuó y esta vez dijo que sí había beneficios, el que se beneficia con ese tipo de notas periodísticas es el dueño del periódico que obtiene recursos a partir de la circulación de su medio, a mayor circulación más publicidad y a mayor publicidad más dinero para el periódico.

Los dos hechos referidos en este artículo son reales y sucedieron en Ciudad Obregón, lo demás corresponde a los tiempos de estudiante en la capital del país, lugar donde circulaban profusamente revistas como Policía, Alarma, Alerta y los periódicos no eran policíacos pero algunos como la Prensa destacaban las notas policíacas, los hechos de sangre sobre todo.

Le llaman libertad de expresión, pero ¿qué es la libertad?

La libertad, nos dice el diccionario, es la facultad o capacidad del ser humano de actuar según sus valores, criterios, razón y voluntad sin más limitaciones que el respeto a la libertad de los demás y a la moral.

¿La libertad de expresión? Nos dice el diccionario que libertad de expresión entraña deberes y responsabilidades, por lo que puede estar sujeta a restricciones para asegurar el respeto a los derechos y a la reputación de los demás, protección a la seguridad nacional, del orden público, a la salud y a la moral.

Lo que vemos es que se ha perdido el respeto a los valores humanos con publicaciones amarillistas y escandalosas que en nada contribuyen a la armonía social ni a la salud de las personas, sea por dinero que lo hacen o no, pero son consecuencias de que en la actualidad cualquier persona con un teléfono celular en la mano se autonombra periodista sin tener conocimiento de lo que es el verdadero periodismo.

Vagos, viciosos, ambiciosos, degenerados se autonombran periodistas en aras de atraer dinero y/o buscar protección contra sus actos ilícitos. Son los que arrojan flores sobre gobernantes y en seguida van a poner la mano.

Lo bueno de todo esto es que ya se aprobaron reformas en el código penal y a partir de ahora se sancionará con multa y privación de la libertad, con cárcel, pues, a quienes graben y publiquen hechos de sangre como los referidos. Ya era hora que las autoridades pusieran un alto a las publicaciones amarillistas y escandalosas que tanto han agraviado a la sociedad.

Bien por el Congreso de Sonora que votó a favor la iniciativa, ahora falta lo más importante, la aplicación de la ley sin favoritismos ni temor a las campañas en contra de la prensa que ha hecho del escándalo su modus vivendi. 

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