Horacio L. Zamudio/Noticias y Análisis

LOS TRES SOBRES

Allá en 1979, cuando los mexicanos estábamos aprendiendo a adminstrar la abundancia que sólo existía en la mente del entonces presIdente José López Portillo, el periodista Manuel Buendía nos hablaba de un capítulo de la política a la mexicana. Vea usted:

Se trata del capítulo conocido como Los Tres Sobres, que pintaban muy bien al gobierno mexicano emanado del PRI, si no lo cree así, lea usted paso a paso lo siguiente:

Cuando un sexenio está por terminar, el presidente saliente entrega a su sucesor tres sobres, cada uno marcado con un número. El 1, el 2 y el 3, y la recomendación: al descubrir que no puedes con el paquete y sientes que el país se desmorona en tus manos, sientes que ya no puedes más, no duermes lo necesario, comes poco, las preocupaciones y las presiones son cada día más fuertes, entonces abre el sobre número 1, pero no antes y no abras dos al mismo tiempo, tienes que hacerlo con orden, así, cuando sientas que ya no puedes, abre el primero, el número 1 verás que gobernar no es tan difícil.

Es así que el presidente tiene poco más de un año en el poder y no ha logrado cumplir sus promesas de campaña más sencillas, empiezan a caer sobre él las críticas que día a día suben de tono, pasan a ser insultos, siente el presidente que está perdido, no sabe cómo maniobrar para salir de la pesadilla y abatido recuerda los tres sobres y la recomendación de que abriera el primero cuando sintiera que ya no podía más. Un tanto receloso y desconfiado los busca en su escritorio y toma uno, el marcado con el número 1, lo abre y encuentra una hoja blanca, la examina por ambos lados, llega a pensarr que se trata de una broma de su antecesor,  pero no, encuentra tres palabras escritas a mano y en letras pequeñas: Échame la culpa.

Sólo tres palabras, Échame la culpa. Se queda pensativo, no sabe qué significa aquello y de qué manera podría alcanzar la tranquilidad en ese ambiente en que sólo caen sobre él críticas e insultos, pero luego reacciona, comprende de qué se trata, llama de inmediato a su jefe de prensa y es a partir de ese día que desde todas las columnas de los periódicos se culpa a los emisarios del pasado, aquellos que ya fueron parte del gobierno y ahora no dejan gobernar al siguiente, por eso el país no avanza, por culpa del expresidente y sus emisarios. Las críticas e insutos ahora son para el expresidente y su gente, los culpables de que el país no avance porque sólo estorban el progreso, por eso el actual presidente no logra sacar adelante a la nación. El presidente vuelve a respirar, sus críticos lo han dejado en paz, todos dirigen sus  ataques contra el expresidente y su equipo por no dejar trabajar al actual presidente, por eso el país no avanza. Vuelve la paz a palacio nacional y a Los Pinos. El presidente es visto como el gran salvador, el que todo lo puede. Pasan los meses. Un año más, dos años y otra vez el alud de críticas y reproches contra el presidente que no resuelve nada. Vuelve a caer el presidente en una crisis de ansiedad de la que parece no saldrá bien. Noches sin dormir, mal humor, se siente derrotado, incapaz de realizar un buen gobierno, su administración es un fracaso, está desesperado, ansioso, sabe que está a la mitad de su sexenio y se le hace muy larga la espera, recuerda los tres sobres y lo bien que le fue con con el número 1, así que decide ir por el número 2. Lo toma, lo acaricia y después de un par de minutos lo abre y otra vez, sólo tres palabras: Cambia tu gabinete. Queda pensativo.

Se levanta de su asiento, camina sobre la alfombra de su oficina, ve hacia el exterior por la ventana, piensa en esas tres palabras: Cambia tu gabinete.

Una media hora más tarde sonríe, descubre el mensaje con todo su significado, los cambios traen esperanzas, el pueblo volverá a creer, a confiar, llama a su jefe de gabinete y sin hablar de los tres sobres, platica hasta tarde la noche sobre la importancia de renovar su equipo de trabajo. No dice por qué ni para qué, sólo confía en que esas tres palabras lo sacarán del problema. Todo mundo lo critica, nadie cree en él, pero eso lo puede salvar, cualquier cambio se transforma en esperanzas.

 Un día después al secretario de Educación lo hace secretario de Gobernación, al que era secretario de Gobernación lo manda a dirigir el IMSS, al titular del IMSS lo coloca como presidente del PRI, al presidente del PRI lo hace secretario del Trabajo, al exsecretario del Trabajo lo hace procurador general de Justicia y así, mueve todas las piezas, el resto lo hace su secretario de prensa, quien presiona a los columnistas y analistas para que publiquen que ahora sí viene lo bueno, el presidente cuenta con un excelente equipo, ya conoce las capacidades de cada uno, vuelve la esperanza, la tranquilidad llega de nuevo a palacio nacional y a Los Pinos. La gente cree otra vez en el presidente.

Pasa un año más, la situación del país se torna difícil, los problemas no se resuelven, se agravan muchos de ellos, llueven críticas al presidente cuatro años después de iniciada su administración, no sabe qué hacer, la ansiedad vuelve a hacer presa de él, piensa y piensa y no encuentra la salida, recuerda los tres sobres y lo mucho que le sirvieron los dos primeros, registra su escritorio y sí, localiza el sobre marcado con el número 3, lo toma en sus manos, lo acaricia como hizo con el segundo, comprueba que está a solas en su despacho y con algo de timidez abre el sobre aquel, el número 3, el último de los que le dejó su antecesor. Descubre una hoja blanca como en las anteriores ocasiones y una cuantas palabras: Escoge a tu sucesor.

Piensa y piensa en lo que dice el mensaje, lo analiza y al cabo de media hora encuentra su significado. Llama a su jefe de prensa y con él a un lado selecciona al alto funcionario de su gobierno que hará pública en conferencia de prensa no programada una lista con los nombres de cuatro o cinco aspirantes a sucederlo en el cargo, entre los cuales se halla el «bueno», el Tapado, el que será candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Políticos, críticos, analistas y expertos centran su atención en el que será el candidato, se olvidan del presidente, lo dejan en paz, termina su administración en paz y sí, deja a su sucesor tres sobres, cada uno marcado con un número para que los abra según las circunstancias.

Así era en el priísmo, así fue en el panismo, ¿cómo será ahora con López Obrador?

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