Horacio L. Zamudio/Noticias y Análisis

No hay leales, sólo pactos

¡Alito traidor!, se escucha entre el priísmo y panismo, más entre estos últimos luego de la votación en el Senado a favor de que la SEDENA seala entidad responsable de operar y admiistrar la Guardia Nacional. El priísmo se pronunció a favor pese a la amenaza de dos meses antes de que ninguna iniciativa enviada al Congreso por el presidente López Obrador sería aprobada.

esa votación dio pie para que se hablara, se sigue haciendo, de la lealtad, valor al que José Porfirio Díaz Mori, o Porfirio Díaz como más se le conoce, criticó tanto durante su gestión al frente del gobierno de México.

En su autbriografía como en entrevistas, Díaz fue enfático: en política no hay lealtades ni leales, lo que hay son pactos y se dan día a día. Un gobernante, en su quehacer cotidiano siempre está considerando los pactos, ceder para obtener, pactar con el enemigo para eliminarlo como tal, para restarle fuerza, para evitar que pueda hacer algún daño «por eso muchas veces tuve que pactar hasta con delincuentes», diría Díaz.

Esta vez el presidente López Obrador necesitaba que su iniciativa pasara y necesitaba el voto de la oposición, fue fácil pactar con un Alito (Alejandro Moreno, presidente del PRI), que se siente perseguido, que ha sido humillado y pisoteado y estaba a punto de ser desaforado para ser juzgado, de modo que cedió a favor de Morena y ahora ya está aprobado que la SEDENA sea quien se encargue de la Guardia Nacional, pero, ¿por qué el interés en que sea el Ejército Mexicano el que se haga cargo de la Guardia Nacional? Veamos:

Uno de los principales problemas de México en estos momentos es la inseguridad, la violencia que ejerce el crimen organizado y a dos años de que López Obrador termine su mandato su trabajo estaráa enfocado de manera prioritaria a acabar con este problema.

Para nadie es secreto que las corporaciones policíacas, federales, estatales y municipales, han sido permeadas por el crimen organizado, había que darle un giro a esto. Ya se probó el método imponiendo a mandos militares en las policías locales y federales, sin resultados exitosos porque en innnumerables casos los mandos policíacos se encuentran con que entre los mandos medios los hay que no obedecen sus órdenes ni las de las autoridades civiles que gobiernan en estados y municipios. Además, no existía el marco legal que se requería, ahora ya lo hay al aprobarse la reforma, primero en la Cámara de Diputados y luego en el Senado. Ya es legal, entonces, que el Ejército participe con mayor fuerza en las corporaciones policíacas, lo que ha puesto a temblar a mandos policiales estatales y municipales.

Valió la pena el pacto con el dirigente del PRI y cobra vigencia aquella máxima de Díaz: en política no hay leales, lo que hay son pactos…

Y esta ocasión se trata de u pacto muy beneficioso, muy diferente a auellos pactos que hacía Felipe Calderón, quien mandó a un narco, Genaro García Luna,  a pactar con los demás narcos, con la idea siempre de embolsarse grandes cantidades de dólares. Con López Obrador no se trata de pactar para enriquecerse sino para poner fin a esta carnicería en que gobiernos anteriores convirtieron a México, y lo más importante: en estos dos últimos años que quedan al gobierno de López Obrador la tarea será acabar con el narco y el crimen organizado, co lo que cerrará con broche de oro su administración. 

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