Horacio L. Zamudio/Noticias y Análisis
Cuando no había violencia
30, 50, 70 asesinatos en el mes en Cajeme, algo que se ha vuelto común y poco a poco va dejando de ser noticia. Las nuevas generaciones se nutren de violencia y observan como algo normal esta ola de violencia.
Recuerdo cuando platicábamos varios amigos en la ciudad de México, donde residía. Uno de ellos me preguntó después que otro mencionó mi lugar de origen, Ciudad Obregón, ¿es cierto que allá en Obregón no hay limosneros en las calles, ni violencia? Respondí de inmediato: así es. En Obregón se vive en paz, todos trabajan o estudian…
Así fue en los años 60s, 70s, 80s y hasta en los 90s. Empezó el nuevo siglo y todo parecía ir bien, hasta que llegó el 2009 con fuertes señales de violencia.
En México el ambiente comenzó a descomponerse en 2006, a partir de la «guerra contra el crimen organizado» promovida por el entonces presidente Felipe Calderón. Pronto entendimos que no era una guerra contra el crimen organizado, sólo un reparto de plazas a los grupos criminales, de manera que en poco tiempo las condiciones cambiaron y cambiaron para mal, no para bien.
Los shechos de sangre que hasta entonces eran aislados se generalizaron y no sólo en una o dos regiones del país, por eso en 2012 empezó para Cajeme una época de la cual no salimos aún con crímenes a diario y lo mismo de noche que de día y así como mueren a balazos jóvenes y adultos, también caen niños.
A partir de 2012 empezaron a circular dólares en grandes cantidades en Cajeme. Isaac Apodaca Lauterio hacía de las suyas, lo que llevó a una simple cajera de un supermercado a preguntar en alguna ocasión que si a los jefes policíacos les pagaban sus sueldos en dólares. Acarreó mucha violencia y poco después murió víctima de esa violencia que quizás él creía tener controlada.
Ciudad Obregón fue una ciudad próspera, era común el nacer de numerosas empresas comerciales, había paz, había trabajo bien pagado, pero de 2012 en adelante todo cambió y hasta la fecha no hay día sin violencia cfriminal en tanto los que gobiernan nos dicen a través de medios de comunicación a sueldo que el índice delictivo muestra tendencia a la baja. Si el mes pasado hubo 60 homicidios y ahora 50, allí está, dicen, el índice delictivo va bajando.
La sociedad cajemense no demanda de sus gobernantes que trabajen 20 horas diarias ni austeridad, lo que demanda es responsabilidad, honestidad, depuración de las corporaciones policíacas estatal y municipales }para echar fuera a tantos agentes dedicados a la extorsión.
Si con discursos se solucionaran los problemas, Cajeme y todo Sonora serían lugares prósperos y tranquilos, habría seguridad pública, algo que sólo quedó en el recuerdo y no hay señales de que las cosas van a cambiar. Y algo más: la violencia criminal llegó a Cajeme y se amplió a Guaymas, Empalme, Hermosillo, Caborca, Altar y Nogales. ¿A dónde vamos a llegar qué tanto tenemos que soportar?

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